Diálogo de tortugas


Una de mis hermanas tiene una tortuga. Hace un par de sábados atrás la visitamos junto a mi vieja y mi otra hermana. Desde luego, allí estaban mis sobrinos, todos reunidos y muy lindos y la pasamos fenómeno.

Mientras tomábamos unos mates, veo pasar la tortuga… Bastante veloz, agregaré, para ser un animal que, contrariamente, no se destaca por su agilidad.

 

Una vez que nos despedimos y arriba del colectivo, mi vieja comenta “las tortugas son unos bichos muy independientes. Busco su mirada y encuentro una sonrisa muy inocente.

-No, mamá. ¡Objeción! ¡Objeción! Son claramente aburridos, que es otra cosa. -

-Jajajaja.-

-¿Qué significa ser independiente? ¿Cómo entender que la tortuga es un animal independiente? ¿Toma decisiones propias? ¿Sale a comprar su propia lechuga porque no le gusta la que usted compra? ¿Trabaja por su cuenta? ¿Es monotributista? Cuando muere, aunque aclaro que en mi vida he visto morirse una… ¿La caparazón es un bien ganancial o privativo?

-Es que los animales no existen para complacer el ocio humano con sus piruetas.

-No, es cierto. ¡Tampoco vemos tortugas recitar un verso del Ruben Darío! Bueno, a lo mejor obedece a que carecen de un mecanismo para interactuar adecuadamente... Además, cuesta imaginarse a una tortuga explicando el sentido del nudo gordiano, aquel que desatara Alejandro de Macedonia.

-¡Uuf! ¡Tardaría una vida!

-Igual… No sé… Más allá de estas consideraciones… Que usted tenga una tortuga en su casa no me representa garantía de diversión alguna.

-Jajajaja… ¡Sos malo!  

-¡Ni siquiera se les puede arrojar un palito! No se toman la molestia de ir tras ellos como ocurre con los perros... Lo cual conduce a dos teorías... O son sordos y eso explica la desobediencia, haciendo inútil el intento de hablarles... O les pesa la casa rodante que cargan consigo y esto desbarata todo interés por el objeto lanzado.    

-Y son bichos que no se dan a conocer más que por su paso cansino...

-¡Por eso! Que no jueguen con uno, bueno, ya es decir algo. Encima no ladran, no mastican las ruedas de los autos, no lloran con las sirenas de los bomberos, no demuestran curiosidad por los ruidos de los vecinos, no se cuelgan de los árboles, etc.

-Tampoco se los puede vestir…            

-¡Sería el colmo! Una tortuga con una remerita de fútbol… Aparte, la cara suya, ¿no? Está frente al veterinario y le dice “buenas, quiero la casaca de Boca que tiene ahí, en la vidriera.” “¿Como para su hijo?”, le pregunta el veterinario. “No, más bien como para una tortuga.”

-Sabes que gastada te podes comer, ¿no?

-Jajajaja. Yo creo que la tortuga es un animal que no convida al cambio.

-A ver, ¿cómo es eso?

-Claro. Usted está aburrido y se corta el pelo, por ejemplo. O se compra ropa nueva. Un paso nuestro es un movimiento en el universo. Con la tortuga no sucede de ningún modo. Tampoco se le vaya a ocurrir pintarla porque se le muere… Peor aún…Supóngase que el bicho no muera. Usted le pinta sobre el caparazón una determinada obra artística… El Ragnarök, la caída de los dioses escandinavos… ¿Y qué hacemos si mañana deseamos cambiarlo? No puede sacarle el caparazón y comprarle otro. Ni mucho menos, pasarle aguarrás como quien borra una pizarra! No, no puede. Malas noticias. El caparazón de la tortuga es intransferible, es único, bueno… Como el amor.

-Siguiéndote la corriente en este delirio tuyo... Tampoco es tema de charla…

- Aah, no, desde luego. Imagínese estar con la mujer amada. La toma de la cintura, corre sus cabellos para acercar su boca y entonces, entre un susurro le dice… “La tortuga es un animal que vive no sé cuántos años y la mitad de ellos se la pasa apolillando...”  

- Jajajaja. ¡Tu imaginación es hermosa! Quizá a ella le interesen los animales. Nunca se sabe…

-He ahí un tema... ¿Qué hacer cuando su novia lo deja solo con el animal de la casa?

-¿Qué puede pasar?

-Y… No… ¿Cómo? Ese es el gran desafío de los que visitan a su novia.

-¿Por qué¡

- ¿No vio que algunos novios se ganan el odio del perro de la casa? ¡Imagínese ganarse el odio de una tortuga!

-Serán…“Celos perrunos”.

-¿Cómo un perro puede tener celos, mami?

-Bueno, ¡che! ¡Los perros son muy especiales!

-Mozart era especial y no gruñía ni olfateaba a los intrusos…

-Jajajaja

-Llegado el caso que los perros tuviesen celos, conviene usar una estrategia en la cual la ausencia tenga algún provecho. Usted espera que su amada vaya adentro en búsqueda de algo. Ahí, una vez solos, lo mira al perro y le dice… Así, ¿no? Como los actores cuando impostan un personaje… Como Odiseo cuando encontró a un centenar de amantes disputándose de Penélope… “Levantá tus orejas y escuchame bien... El mundo que conocemos, éste, -acaso infinito, como el arte- me parece  demasiado grande para nosotros dos”.

-¿Y después te han hecho caso?

-No, para nada. Salí rajando para que no me mordieran. Jajajaja.

-Los animales son bastante extraños, enigmáticos… Por eso son tan hermosos.

-Y sí, lo enigmático atrae. Pero, ¿quién sabe? ¿Y si tal vez los animales son aduaneros de la casa, los que te aceptan o te rechazan? Este pensamiento me lleva hacia otros… Entonces, ¿habrá que seducirlos primero, antes que a su amada? ¿Y cómo podremos darnos cuenta? ¿Encontraremos al perro o el gato definitivo, aquel que nos abrirá la puerta definitiva, sincera, cordial, donde nos espera la amada, naturalmente, hermosa, radiante y definitiva? ¿Nuestro destino es ser almas en pena, deambulando por veredas, esquivando perros y gatos que nos echan de sus casas? ¿Que nos detestan porque no comprendemos las verdades que nos dicen? En fin.

-¡Te amo tanto, hijo! Ojalá nunca pierdas ese vuelo que llevas en la mente y en el alma...

-Yo también te amo, mamu.

 

Ojalá algún día suceda… Ojalá algún día estos vuelos míos me permitan sentirme dichoso... Sentirme no echado de tantos lugares, de tantas emociones, de tantos sueños. Ojalá que estos vuelos representen un vuelo aún mayor, que es junto al ser amado. 

 

Mientras me retiro, voy al patio de mi vecino... Creo haber oído el ladrido de una tortuga.

 

Nacho

 

27/1/15