Hacia uno de los últimos cantos de la Ilíada, Tetis
advierte a su hijo Aquiles, acerca de su destino y como bien sabemos, decidió
la eternidad de su nombre a través de los siglos.
Estuve pensando, bueno, ¿qué beneficio cabría en
nosotros, tras recibir una dosis de inmortalidad? Seguramente, uno asistiría a
una cadena de pequeños sabores elementales y por lo tanto, a emociones
aburridas y fugaces... Nadie tendría temor en saltar desde un puente, siendo
que jamás nos lastimaríamos y asaltaríamos los bancos o entidades financieras
con desparpajo, pues, no habría bala mortal alguna.
En este sentido, la eternidad contiene
una soberbia muy fácil de ejercer... Cualquier proyección hacia el futuro,
sería una actividad absolutamente superflua y sin el menor interés. De hecho,
ninguna prosperidad nos daría la satisfacción del esfuerzo.
Por supuesto, algo que sí nos sucede cuando estamos llenos de mortalidad y de
incertidumbres, es decir, allí nos regocija el encuentro de nuestros triunfos.
Somos un poquito dichosos, porque detrás de toda incerteza o duda, cualquiera fuese
esta, es el combustible que necesitamos para seguir viviendo. Incluso, aquellas revelaciones que necesita el amor. Sobre todo, el
amor.
Yo creo innecesaria la pelea diaria y someterse a
una disputa feroz, en pos de ver cómo mejoramos la seducción. Pero sí creo que
se puede inventar nuevas luces o jugar con diferentes tonos, a favor de la
comunión afectiva.
Lo que pasa es que uno verdaderamente ama, comienza
a sentir su finitud y peor aún, que el otro también puede desaparecer para
siempre. ¿Cómo sobrellevar una inmortalidad, sabiendo que los seres queridos
habrán de morir? ¿Dónde quedará mi amada, una vez que haya muerto?
El amor no es posible en la inmortalidad, por mucho
que leamos acerca de la eternidad de una pasión. Además, resulta una
contradicción en sí misma, una pasión que no tenga inconveniente o interrupción
o algo que la demore. Una pasión inextinguible, acaba apagándose sola, por mucha
magia que pretenda inmortalizarla o por más horóscopos que opinen lo contrario.
Me gustaría poder recibir, eso sí, el amor
definitivo como el epílogo en los libros, ¿no? Que uno pueda acunar este amor,
sabiendo que cerrará el capítulo final de nuestras vidas.
El enamorado le da un carácter singular al otro.
Nos enamoramos de esa persona porque es irremplazable. Y para que funcione
mejor ese carácter, le agregamos atributos que a lo mejor nunca tuvo.
Eso ni siquiera nos interesa, acaso, si uno ama con esa potencia que encadena
universos.
En el amor no cabe la posibilidad de reemplazar a
nadie. No se trata de un deseo de inmortalidad, ni de tiempos contingentes, ni
de automóviles que viajan al pasado para modificarlo. No existe otro tiempo, pues
nunca hubo otro tiempo. Todo está sucediendo ahora... Es una sensación que
domina los pensamientos y cada uno de ellos nos conduce invariablemente a ese
terrible temor a la pérdida del ser amado.
Pese a que amo al legendario Aquiles, le tengo
malas noticias al héroe... La inmortalidad también elimina al amor. Sobre
todo, al amor.
El amor de una madre, en cambio, es incondicional y
dura para siempre. Ese amor puede tener un valor nostálgico y hasta alegórico,
digamos, esconderse detrás de una lágrima que genera la memoria y convertirlo
en una enseñanza.
Por lo tanto, le juro que ni como recurso
literario, estoy convencido... Me parece que aquel que realmente ama, no
registra ningún pasado y no vislumbra futuro, si no es con el ser amado…El amor
tiende a ser fugitivo, ya que es una decisión de cada día, el hecho de salir a
reafirmarlo.
Por eso cuando está pasando no nos damos cuenta...
Y es ahí donde lo vivimos como una cotidianeidad. Y ahí es donde tenemos que
entender que el amor no es un asunto de no aburrirse o de volverse
imprevisibles o de creer que las flechas de Paris no nos pueden matar.
Varias veces he dicho que existe la belleza, la
seducción, la inteligencia, el espíritu. Bueno, también el dolor... Porque uno
sufre con la mujer amada. El amor tiene un componente de dolor inevitable
relacionado con su goce. No solo por el tiempo que uno pergeña en conquistar a
una mujer, sino, porque la muerte suele esperarnos con ese espantoso cuchillo,
que es el rechazo.
Yo no sé si habrá vida en el más allá, tampoco es algo
que realmente me preocupe, pero tal como afirma Aquiles, el amor trae y llena
de luces nuestras vidas. Y cuando llegan, mejor nos irá si somos capaces de
ponerle el pecho... Incluso, si de otro lado nos esperan las flechas
traicioneras y cobardes de Paris. Porque si vamos a morirnos, que sea por la
mujer amada.
Nacho
27-1-16
