1
No es lo mismo sustituir que transformar. La sustitución es el traslado parcial en la percepción de un sujeto determinado. En todo caso puede considerarse una falsa metamorfosis… Un ser ocupa el lugar del otro y se encarga de su destino. Casi siempre mediante artimañas, máscaras, fingimientos, disfraces, etc.
Un ejemplo, cuando Zeus se le apareció a Alcmena, bajo la forma de su esposo Anfitrión, no hablamos de metamorfosis. Zeus no se convirtió en Anfitrión. Lo sustituyó en su ausencia. El verdadero Anfitrión estaba lejos de su patria, peleando contra los Telebeos.
Las sustituciones literarias suelen ocurrir principalmente en la alcoba. Ahí tiene el incidente de Labán, un patriarca hebreo de la familia de Abraham.
En la ciudad de Harán vivía Labán junto a sus hijas Raquel y Lía. Un día recibió la visita de Jacob y luego de unos matiensos, Jacob pidió la mano de Raquel. El padre dudó un poco porque, bueno, había un impedimento de carácter leguleyo… Siendo Raquel la más chica, no estaba bien visto que primero se casara la hermana mayor. Pero terminó aceptando a cambio que le sirviese durante siete años. A decir verdad, Labán planeaba aprovechar la oscuridad y plantar a Lía en el lecho. Recuérdese que ningún hombre de la antigüedad poseía a su esposa a la luz del sol o de una lámpara.
El asunto fue que enterada de la trampa, Raquel informa a Jacob que su padre la sustituiría y entonces acuerdan una serie de señales para advertir a tiempo, cualquier modificación.
Pasaron los siete años y Jacob exigió a Raquel en matrimonio. Pese a lo convenido, el engaño se produjo y recién se dio cuenta con la llegada de la mañana. Jacob trató de manifestarle su indignación, pero Labán explicó que nada podía hacerse con las leyes divinas y que si deseaba a Raquel, debía servirle otros siete años.
Jacob trabajó siete años más y finalmente se casó con Raquel.
Las tradiciones judías sitúan la cueva de Macpela -o Tumba de los Patriarcas- en la ciudad de Hebrón, al sudoeste de Cisjordania. Allí descansan restos de importantes parejas bíblicas como Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca. Sin embargo parece que la compañera de Jacob es Lía y no Raquel.
Una abrumadora pregunta invade la mente… Cuando avecine el final de los tiempos, ¿quién acompañará nuestros restos en la cueva de Macpela?
Otro engañado por un suegro fue nada menos que Heracles.
Mientras duraba la cacería del león de Citerón, Heracles se alojó en casa del rey Tespio. El rey tenía cincuenta hijas y como deseaba tener nietos del héroe, noche tras noche, le enviaba una hija diferente.
Heracles no percibía los cambios, al contrario… Creía hallar en la penumbra a la misma compañera y según cuentan, yació a lo largo de siete noches con todas ellas.
Mire, acostarse con cincuenta minas en el curso de siete noches, resulta bastante difícil de comprender. Al menos, desde el ejercicio matemático.
Realice la siguiente operación… Son cincuenta hijas a razón de siete noches. Si usted divide número de hijas sobre el número de noches, obtendrá la cantidad de hijas que estuvo en el lecho de Heracles, por cada una de las siete noches.
Como resultado le da siete y moneditas. Entonces, si a cada noche corresponden siete hijas, ¿cuánto tiempo queda para salir a cazar al león de Citerón? Quiere decir que las horas en Beocia son extensas, duran mucho más de lo conveniente. Incluso, desde un punto de vista práctico, ¿no? Permiten que Heracles tenga un ligero descanso, indispensable no solo para andar cazando leones, sino también para después no percibir el intercambio de señoritas.
Ya sé que es un mito y estas circunstancias son posibles. Lo que sucede es que esta actitud viene a señalar el ejemplo clásico de los malos amantes. Gente que a la hora del amor, no encuentra distinción alguna. Es esa ostentación de eficacia burguesa e infalibilidad regular, hija de no saber apreciar las diferencias entre las personas y eso es imperdonable.
El verdadero amante es un sujeto falible, justamente, porque advierte los matices y las diferencias.
2
Ixión fue un traidor tesalio que asesinó a su suegro. Los mitógrafos ubican a Ixión como precursor en esta clase de crímenes, es decir, nadie antes había matado a un familiar. Sin embargo, el dios Zeus se apiadó de Ixión cuando todos se negaban a purificarlo. Es más, hasta le permitió probar la ambrosía, un néctar que garantizaba la inmortalidad.
Pero Ixión demostró ingratitud... Una noche quiso amar a la diosa Hera, la esposa de Zeus. Hubo una breve persecución, hasta que Zeus creó una nube con la misma apariencia de su esposa. Ixión logró unirse a esa mágica cerrazón, mientras Hera, a las risas, regresaba al Olimpo.
Una leyenda con un tono más riguroso, hubiera hecho ilusorias las consecuencias del acto. Pero ese rigor nos estaría privado de su alto sentido poético.
La cópula espectral tuvo frutos contantes y sonantes… De aquella nube nació la estirpe de los centauros. Por esta falta, Ixión fue condenado a girar eternamente, atado a una rueda de fuego.
La historia abre las puertas al siguiente argumento… Cuando una ilusión, engaño o embeleco producen los mismos efectos que los objetos reales, entonces los goces son reales. Para Ixión, la nube creada por Zeus fue la diosa Hera, tanto por su disfrute, como por sus hijos y su posterior castigo.
Los méritos propios del sujeto siempre están sepultados gracias a un cuidadoso y artificial disimulo de los defectos. El temor a la no pertenencia y al rechazo social es fuerte y hay quienes hacen lo que sea necesario, con tal de generar una buena impresión. Mientras algunos concurren a los gimnasios y deciden ser tenaces, otros en cambio compran cremas, hacen dieta, ropa de moda y deciden ser bellos.
En fin, los métodos y estrategias son variados, sin embargo, previo a una acción que sirva para mejorar la imagen externa, será indispensable decidir qué sensación pretende dejarse. De lo contrario, si dispersamos esfuerzos en simulaciones inconexas, los resultados habrán de ser más bien confusos. Cultivar la inteligencia es una disciplina, cuyos rigores, exige atenciones y cuidados permanentes.
Cualquier procedimiento sustitutivo, destinado al disfraz y al fingimiento, es un recurso artístico. Mejor aún, quizá toda conducta impostora sea una función del arte. Solamente la música permanece ayuna de simulaciones. Un acorde en mi menor es eso y no pretende ser nada más.
Habrá que intentar el camino difícil, el más penoso, el más largo pero también el más noble. Es el camino de la verdad.
El que quiera parecer honrado, que lo sea.
El que quiera fama de valiente, que la gane a fuerza de guapeza.
El que quiera ser hermoso, que se lo gane con el vigor de la inteligencia.
3
En relación al viejo de la montaña, sus descripciones indican que posiblemente se trate de una sucesión de individuos.
El viejo de la montaña fue un líder que comandaba una secta de asesinos. Con el tiempo, su organización pasó a ser legendaria, cuando en realidad, aquel liderazgo era solamente un cargo. Similar a los reinados chinos.
El emperador de turno gobernaba unos territorios tan extensos, que en las regiones más lejanas aún reverenciaban su nombre y cumplían sus órdenes por años y años. Incluso después de su muerte y cuando el emperador ya era otro señor.
Jorge Luis Borges asegura que al morir, el Dalai Lama encarna en un niño de clase humilde y para mayor comodidad, crece en la misma comunidad del monasterio. Entonces es descubierto por oráculos e instalado en el trono. Así se entiende que el Dalai Lama atraviese generación y generación, creyéndose estar ante él mismo y no alguien diferente.
Dalai Lama es Tulku, un Avalokiteshvara – continúa, Borges – un maestro que logró tener el control parcial o total en la muerte sobre la forma de su reencarnación y el conocimiento del lugar donde se producirá su nuevo nacimiento.
La serie de Dalai Lama comenzó en 1391 y continúa hasta la fecha. La tradición budista lleva contados unos quince Dalai Lamas. No parecen tantos.
En Babilonia, en la séptima terraza del Zigurat, un hombre y una doncella enmascarados se unen sexualmente cada noche cumpliendo un viejo ritual.
Los amantes tienen prohibido quitarse el antifaz, bajo pena de muerte. Al amanecer, el sonido de una trompa señala el final del encuentro.
Ahora bien, cada noche la doncella es sustituida. Pero ese es un secreto que solo conocen las mujeres hermosas de Babilonia. En verdad todas ellas, por turnos, eran durante una noche de su vida, la amante ardiente del Zigurat… La encarnación misma de Ashtarté.
El hombre que las posee no debe sospechar la sustitución, debe creer que es siempre la misma mujer, inmutable en su pasión, en su juventud, en su entrega.
Pero falta contar algo más… El hombre también es sustituido cada noche, aunque es un secreto que solo conocen los varones apuestos de Babilonia.
Cada noche, dos amantes efímeros se juran palabras de permanencia y perpetuidad.
Cada uno juzga al otro perdurable y trata de ocultar, su propia condición fugaz.
Las bocas que solo se besarán esa noche juran y no mienten, amor eterno.
El enamorado le abre las puertas a la impostura... Engaña en todo aquello que el otro quiere que sea. Y esto obliga a conjeturar que al igual que la mirada de Medusa, el amor transforma. Frente al poder de sus ojos, el enamorado olvida quien ha sido, para encarnar la potencia que lo posee.
La impostura de la belleza puede ser temporal o definitiva y en el fondo, no es una razón exclusiva del corazón, también de la inteligencia del que la descubre. La ilumina desde adentro.
Para los pésimos observadores, la belleza es apenas la representación de una imagen repetida, cuando no, consagrada por los cánones. Son ojos que parecen mirar la nada, pero es la inteligencia la que moldea, acaricia y transforma lo que está lejos del alcance de los perejiles.
El amor no es un hecho pasivo, sino un descubrimiento en el cual participamos. Nos hacemos con el otro en la creación del ser. Lo mismo ocurre en el arte. Después de un buen libro, egresamos diferentes.
Mejorarnos encajaría en una íntima obsesión, en una última esperanza. Buscar con desesperación lo que no somos y encontrarnos y volvernos a perder, con un poco de transformación encima. Ese es el secreto final del arte y el amor.
4
La mitología hindú cuenta la disputa causada por un licor inmortal que proveía la luna. Este licor lechoso -conocido como amrita- era el alimento preferido de los dioses.
Ahora bien, los titanes quisieron apoderarse de aquella bebida. Y hubo lucha. Pero los titanes conocían un conjuro que resucitaba a los que caían en batalla. Muy confundidos, los dioses consultaron a Brahma y Vishnú. Les aconsejaron la paz temporal durante la cual, ambos bandos colaborasen para extraer la amrita de la luna.
Pero los titanes, tercos, no aceptaron. Rahu se las ingenió para beber un trago y fue decapitado antes que el trago pasara por su garganta. El cuerpo murió, pero su cabeza permaneció inmortal.
Los titanes estaban a punto de adueñarse del licor y Vishnú tuvo una idea… Temiendo que los dioses perdiesen sus ventajas, Vishnú se convirtió en una bellísima y exótica bailarina. Los titanes se desentendieron del combate, atónitos a sus encantos. Los dioses aprovecharon para afanarse la amrita y rajaron hacia su morada. Es el día de hoy que siguen bebiendo el licor milagroso.
Allá están los dioses, en la cima de la montaña central del mundo, en el monte Sumeru. Riéndose a carcajadas y siempre jóvenes, en sus colosales palacios. Mientras tanto, hombres y titanes muriendo y muriendo, aquí, por una mujer hermosísima… Bajo una blanca luz de indiferencia.
¿Por qué no es lo mismo transformar que sustituir?
Según Nietzsche, lo apolíneo es claridad e iluminación, porque es el mundo visto con la racionalidad, la nitidez mental, la clasificación, la comunicación, la simetría de los términos. Sobre dicho terreno, las cosas son nombradas en límites discernibles, evidencias y falsedades, pero además nacen los grandes principios, las secciones áureas, etc.
Lo dionisiaco, en cambio, supone la noche y el deseo, el instinto, la pasión y la embriaguez.
El siglo XIX aborda la razón. Surge el positivismo, el valor higiénico de la ciencia y la exclusión de lo que es inmensurable. El hombre queda atrapado en la voluntad científica, sustituyendo la imaginación por una estructura objetiva y una verdad legítima e incuestionable.
Sin embargo, Nietzsche descree de todo ello, incluso del lenguaje. Percibe la realidad desde infinidad de perspectivas que multiplican el cuerpo y el espíritu de la supuesta verdad. Concluirá al decir que lo que somos ahora puede ser interpretado de maneras distintas.
¿Cómo sería un universo donde todo puede interpretarse de mil modos distintos? Bueno, en principio un poquito más interesante. Ejemplo, mientras corta un pedazo de queso fresco, el dispensario relata a sus clientes la noche que liquidó a Clito, durante un banquete en Samarcanda. Trabaja de lunes a viernes, paga sus impuestos, tiene una linda familia y sin que nadie lo note, empieza a sentirse como Alejandro de Macedonia.
Las percepciones de una transformación están sujeta a la perspectiva, solo así podemos concebir cambios que no son percibidos o que son interpretadas erróneamente. Hay casos más cotidianos, pero no menos patéticos. Señores que envejecen y continúan acechando señoritas que podrían ser sus hijas. Un país sufre la pobreza y la decadencia moral, pero cree que es la mejor nación, solo porque existe Messi… ¿Y cómo no darse cuenta del deterioro, si siempre nos conformamos con poca cosa?
Me parece que reconocer el perfil interpretativo o simbólico del saber, es aceptar el destino furtivo de las cosas con elegante entusiasmo. Despertar y entender que estuvimos soñando, pero sostener las ilusiones, aunque sean parte de una ficción. Por eso el arte, en tanto fenómeno angustiante y enigmático, además de sentirse en las obras, uno desea vivirlo.
Pensamos bajo las formas del lenguaje. Evadirlo significa dejar de pensar. El límite del pensamiento es el lenguaje y su importancia nos permite ser partes de una historia.
El conocimiento es interpretativo, no hay verdades absolutas a las cuales remitirse. Los espacios de la comunicación, el trabajo alquímico, los magos y sus elixires, un dios que persigue ninfas, el mejor verso, el escultor y su estatua, etc. Cada quien juega sus juegos y no hay sitio para reglas generales, sino más bien particulares. Nos ha sido otorgado el don del cambio, de las sucesiones. Nuestro destino es abrirse a la capacidad de cambiar, de transformarse y transformar al otro, segundo a segundo.
Tal vez nunca lleguemos a saberes indudables, pero tampoco a un contexto indudable para contemplar la vida, el amor, la inteligencia sin que el alma se nos escape de las manos, en búsqueda de otras formas u otras identidades.
No sabemos quiénes somos -aunque lo supiéramos- ese conocimiento se tornaría inadecuado al instante siguiente… El resultado es siempre la soledad. Sin embargo, en la niebla espesa y la cerrazón que nos envuelve, cada tanto hay un destello… Un gesto ominoso que revela en la ínfima fugacidad, quienes somos realmente.
Estemos atentos a las señales luminosas, que son muy escasas. Las noticias más parecidas son el amor y el arte. Su duración es mínima y se producen rara vez en la vida.
Sabemos todo ello, pero aún vivimos esperando un refusilo en el cielo.
5
El escritor James Frazer ubica el lago de Nemi cerca de la comunidad romana de Aricia y en sus orillas, un bosque sagrado.
El bosque de Nemi era sagrado porque había un santuario dedicado a Diana, la diosa de la caza. Muchos viajeros, comerciantes y cazadores paraban y solicitaban fortuna en sus expediciones. Incluso las mujeres embarazadas suplicaban partos felices, algo extraño para una divinidad tan casta como Diana.
Alrededor de aquel enigmático paisaje vivía un hombre que ejercía la soberanía y el sacerdocio y lo que a Frazer le inspiró fue el modo que regulaba el traspaso de dichos cargos. Y la verdad es que no era sencillo.
Por empezar, la sucesión excluía al hombre libre. Solamente un esclavo fugitivo podía convertirse en rey y sacerdote del bosque y para ello debía liquidar a quien hasta entonces ostentaba el título.
En condiciones normales costaba encontrar el santuario, ahora, imagínese a un tipo que encima huía de su esclavitud. Si lograba despistar a los guardias y perros del amo, luego debía quitarse un aro de hierro que llevaba en el cuello donde figuraba el nombre del amo. Por lo tanto era necesario evitar carreteras y lugares poblados, no fuese cosa que lo reconocieran y denunciaran en su condición de fugitivo.
Resueltos estos inconvenientes había que estar provisto de alimentos o robarlo en alguna granja y después dormir a la intemperie. Si la fuga ocurría durante el invierno, el frío añadía otro enorme problema.
Falta mencionar el peligro de ser asaltado por bandoleros, digo, porque chorros los hubo siempre. Lo mejor era viajar de noche, guiándose a través de las estrellas.
Al cabo de unas semanas, los árboles dejaban entrever el templo de Diana y sin embargo, lo más difícil estaba recién por llegar…
En el interior del recinto había un árbol sagrado que ningún hombre libre podía tocar. El esclavo debía arrancarle una de sus ramas y en ese momento se convertía en aspirante a Rey del bosque. Ahí mismo desafiaba al sacerdote a combatir. Quizá lo venía observando desde que entró al santuario y lo esperaba con espada en mano. A lo mejor no. A lo mejor el sacerdote apolillaba o estaba distraído y entonces el esclavo lo sorprendía y acababa con él.
Estrabón aconsejaba estar listo para defenderse, es decir, el sacerdote podía ser atacado en cualquier momento. Por el contrario, Pausanias menciona la idea de un combate singular, lo que sugiere un enfrentamiento más bien de carácter ritual.
Parece extraño que el sacerdote no estuviese alerta, vigilando quién entraba en el santuario. Tampoco se sabe si la costumbre preveía ofrecer un arma al aspirante o si este pudo haberla robado en el camino.
Sea como fuere, el esclavo solo tenía a favor la desesperación. Ya no había vuelta atrás. El derecho romano no lo consideraba una persona sin libertad, sino una herramienta que hablaba. Ser esclavo en Roma era igual a lo que hoy representa un celular o un lavarropas.
El propietario hacía del esclavo lo que quería… ¡Y guay que escapara! Cuando el amo lo atrapaba, lo mataba a golpes, lo crucificaba o lo mutilaba. Desde una paliza a romperle una pierna o marcándole con un hierro incandescente las iniciales de fugitivo en la frente y así nunca volver a intentarlo.
Con todo eso en mente, además del hambre, la sed y el cansancio, el esclavo bajaba la cabeza y se lanzaba contra el sacerdote. Lo mejor que podía pasarle es tener suerte y cierta habilidad en el combate, porque si no acababa muriendo destripado, a los pies de un árbol sagrado.
Naturalmente, en ocasión de conseguir la victoria y por ende, convertirse en Rey del bosque, no hacía más que inaugurar otro calvario… Una tortura más sutil y desquiciante… Nunca volvería a cerrar los ojos, sin temer despertar a la mañana siguiente con la garganta cortada.
Para Frazer, el ritual del bosque es una historia arquetípica… La muerte del rey en manos de un rival que busca sucederlo. Este recurso parece imaginado por el hombre antiguo para exigirles a los que gobiernan una comunidad que sean fuertes, diestros, hábiles y sabios.
Asimismo, Frazer postula que a través de dicho pensamiento, el rey encarnaba al reino, es decir, su salud, fertilidad, fuerza y prosperidad eran similares a las del reino. A esta idea la llamó simpatía, la cual funciona de acuerdo a dos mecanismos.
El primero dice que lo semejante produce lo semejante y el segundo, que las cosas que estuvieron en contacto, después actúan recíprocamente a distancia, incluso tras haber sido cortado ese contacto físico.
Frazer declara al primer caso como ley de semejanza y al segundo, principio de ley de contacto o contagio.
En suma, el único método para ser Rey del bosque consistía en el asesinato. Consumida la sustitución, el nuevo Rey del bosque ingresaba en ese estado de alarma e incertidumbre del anterior. Entendía que al menor descuido, entonces vendría otro más fuerte y hábil a sustituirlo.
Ahora bien, este procedimiento no es tan diferente a lo que sucede en el amor… El miedo a la sustitución está presente siempre, porque el amor carece de garantías. Tiene promesa de eternidad, que es otra cosa. Sin embargo, los papeles del registro civil vienen a certificar una seguridad que el amor no tiene ni por asomo.
La mujer es dueña y reina del bosque, que es el corazón, el alma y la inteligencia del hombre que ama. Pero es preciso advertir una regla de oro… Quien desee postularse al cargo de rey, en el bosque de una mujer, primero debe estar dispuesto a morir por ella.
FINAL
Pensaba en el bosque de Nemi y el elemento central del cuento es el miedo. El miedo avisa al rey que su tranquilidad corre peligro, que hay algo en el bosque que no está funcionando. Y entonces el rey se prepara.
El miedo puede entenderse como parte del proceso de crecimiento, pero también un desajuste o modificación inesperada y generalmente de índole negativa. Por eso una promesa de mayores castigos resulta superflua en el infierno. O sea, ¿habrá peores tormentos que el infierno mismo? Yo lo dudo.
Literariamente hablando, el enamorado siempre debe enfrentar obstáculos… Recuperar un objeto mágico, combatir en guerras ajenas, exigirle al sol que retroceda su curso habitual, dormir noches cerradas en ataúdes húmedos, aprenderse de memoria los pasajes de un hechizo, etc.
Aún con los años esfumándose en misiones y a pesar del éxito en todas y cada una de ellas, el enamorado continúa temiendo… ¿Cuál es el miedo? ¿A no disfrutar lo que resta de vida? Los inmortales no tienen miedo, porque en la eternidad no hay tiempo.
¿Y el amor? ¿Dónde está el miedo en el amor?
Ante la sustitución, al lamento del tiempo perdido, el avance de la vejez y todas las adversidades que a usted se le puedan ocurrir, me parece más angustiante la imposibilidad de compartir el sentimiento de comunión.
Ese es el asunto. Nada desgarra tanto como no poder compartir su tiempo, sus dichas, sus pesares, sus inquietudes, en fin, su vida entera con la persona amada.
Pero seamos sinceros… Hay quienes se dejan acompañar por gente que no aman. Saben que de ningún modo aman a esa persona y sin embargo adoptan una felicidad postiza para evitarse la soledad y no morirse de angustia con el desengaño.
Bueno, bueno.
Las historias de sustituciones amorosas podrían resumirse así… El amor sucede y cuando usted se dio cuenta, ya entregó su libertad. No le importa. Uno es aquello que el otro quiere que sea, tiene que dejarse convertir en lo que el otro desea. De lo contrario, está priorizándose a sí mismo.
Por eso, el que habla de su libertad, se antepone al otro. Y eso en el amor es de miserables.
Dedicado a los que dejan irrumpir su tiempo por nosotros. Nosotros venimos haciéndolo desde tiempos inmemorables. Incluso en la triste sensación de haber sido sustituidos.
Nacho
3 de Setiembre de 2020.
