Vampiros

 


A grandes rasgos, el temor a morir funciona como defensa y un acto de negación... ¿Qué decimos? Todavía soy joven, a mí no me va a pasar. Pensamos en la muerte biológica y no es el único modo de concebirla. Freud decía que la muerte no tiene inscripción psíquica. La muerte carece de representación en el inconsciente y siempre remitimos a otra, ejemplo, la muerte de alguien cercano.

Asimismo hay mucho simbolismo, esto es, situaciones que nos enfrentan con un propósito, con un cambio decisivo, con un antes y un después. Estas pueden relacionarse con sucesos vitales o accidentales, una separación de pareja, la finalización de una carrera, la renuncia a un trabajo. 

 El sometimiento gravita alrededor del miedo, a través suyo puedo manipular al otro. Y no es un tema ajeno al vampiro, la más fascinante y magnética de las expresiones sobrenaturales. Sin embargo, ya no existen señales del monstruo que deambulaba cementerios y penumbras de los zaguanes y asaltaba a los desprevenidos, sino un individuo acorde a la sociedad y que sabe cómo conquistar la voluntad de su víctima.  

El vampiro, lejos de ser un invasor o un intruso que siembra el terror, es el auge de la personalidad romántica y comprensiva del siglo XXI. Al menos así razonaron los productores de Hollywood, en pos de ampliar los horizontes del amor y del deseo occidental. Y claro, ahí está la víctima intentando cerrar una ventana por temor a que un vampiro decida entrar y arrebatarle la sangre. Pero muy el fondo, secretamente en el fondo, despierta los deseos más oscuros del hombre.

¿Por qué los vampiros, que por siglos y siglos de horror, oscuridad y muerte derramaron, ahora indiquen un paradigma diferente? ¿Es el vampirismo, un reflejo cultural?   

Dentro del género del terror, el vampiro tiene un espacio de privilegio. Alcanza con haber leído la obra maestra de Bram Stoker. No obstante, constituye un eslabón en su extensa mitológica. Transilvania no es la cuna del mito ni por asomo. Tampoco la casa abandonada que estaba a un par de cuadras y los vecinos alertaban de embrujada.

Los relatos sobrevivientes dejan en claro que una creencia histórica, porque ajeno a los rigores tecnológicos y demostraciones científicas, el vampirismo trasciende las civilizaciones de todos los tiempos. Jamás estuvieron ausentes en la imaginación del hombre y de un modo u otro, inspiraron decenas de mentes literarias de finales de siglo y una comparsa de puestas teatrales, series y películas.

El vampirismo es argumento de atracción y metamorfosis y su relación con el amor, la sexualidad, la ambición por juventud y la inmortalidad. En una observación más crítica, la transgresión y el permanente conflicto con la religión y una sociedad hipócrita, signada por la decencia y el puritanismo.

El vampiro es un no muerto -acaso, fantasma de un muerto- y en ocasiones ejerce la hechicería y la magia negra. Habita la profundidad de la noche y bebe sangre de las víctimas para rehacer fuerzas. Es una criatura escindida entre el reino vivo y el de ultratumba. Tal dualidad lo hace temible y en realidad está proscrito, relegado, despreciado y sumido en la melancolía, al igual que la mayoría de los monstruos.  

La charla no es una incitación al mal, ni una condena moral a sus sanguinarias acciones. Apenas un humilde inventario de rasgos y costumbres difundidas y otras varias insólitas, antes que Bram Stoker fijara el famoso arquetipo del vampiro.

 

PARTE 2

 

El vampirismo es una conjunción de mitos, leyendas y folclores y ciertamente desarrolló una narrativa acorde al momento. De hecho, el aparato de la Inquisición atendió al reclamo de dudosos testimonios como hizo con la brujería. Sin embargo, ese vampiro vendría más adelante, en adaptaciones posteriores a la Edad Media.

Las primeras noticias son de Antigua Asiria, 4000 a. C. y habla del ekimmou, un espíritu condenado a no encontrar la paz. En comparación al vampiro europeo, cohabitaba el cuerpo de la víctima -o en su defecto- lo agredía hasta la muerte. 

En Egipto temían a un pájaro bebedor de sangre, otrora un maleante ejecutado arbitrariamente. Después acosó a los hijos de sus verdugos, encarnando una misteriosa ave que reclamaba justicia.

Lamia era reina de Libia y amó nada menos que a Zeus, pero fueron descubiertos por Hera. La diosa mató a los hijos de Lamia, condenándola a vivir obsesionada con espeluznante imagen. Muy avergonzado, Zeus le otorgó el don de extraerse los ojos y así descansar, pero no evitó que Lamia sintiese envidia hacia otras madres y devorase la sangre de sus hijos.

Homero describe unas sombras que se nutrían con la sangre de los sacrificios.

Un aprendiz de filósofo, Menipo, se dejó seducir por la belleza de una mujer que lo abordó mientras caminaba en las afueras de Corinto. La mujer insistió en casarse y a la boda asistió el sabio Apolonio quien a Menipo declaró, “Tú, al que las mujeres persiguen, abrazas a una serpiente y ella a ti”.

En efecto, la novia era una lamia y aunque al principio negaba su condición, acabó confesando que había seducido a Menipo para beber su sangre. Viéndose descubierta, sus vestidos y su cuerpo desvanecieron en el aire.

Las empusas formaban el séquito de Hécate, la diosa de la muerte. Por lascivia y crueldad están asociadas a Lamia, la vengativa divinidad de Libia. Cabe añadirlas entre las precursoras de la leyenda vampírica ya que obtienen solidez y vitalidad al beber la sangre de sus víctimas. 

La empusa cambia a voluntad en perro, vaca, asno o en joven doncella. Cuando se metamorfosea bajo esta tentadora forma –obviamente, la de una doncella- usted puede reconocer a una empusa por sus pies de bronce. Ama las encrucijadas nocturnas, acorralar a sus presas y extraerles la sangre. Otros aseguran que disfruta seducir a los hombres en el sueño.

En cualquier caso, la muerte llega y si llega, no está mal que nos liquide una hermosa vampira. 

Poco a poco, la empusa olvidó su humanidad. Una leyenda distinta afirma que deja verse en noches de luna llena y recorre montes y parajes deshabitados en busca de nuevas víctimas… Siempre en el aspecto de un lobo.

Lamias y empusas comparten una idea bastante sanguinaria, excepto en que en las lamias aparece el carácter vivificante de la sangre.

Habrá que prestar atención… Toda vez cite a una señorita que admita beber sangre, que es aficionada a las encrucijadas, que tiene pies de bronce, que gusta extraviarse en montes o yuyales, que metamorfosea en Cocker spaniel… ¡Cuidado! ¡Salga rajando! ¡Es una empusa y no ve la hora de hincarle los colmillos! 

 

PARTE 3

 

Contrariamente a las opiniones, sólidas fuentes coinciden en que el vampiro es un término eslavo, puesto que sus leyendas pasaron del oriente al occidente europeo en las caravanas que hacían la ruta de la seda por el Mediterráneo. De hecho, los vampiros rumanos son variantes de mitos eslavos.

Los eslavos eran ricos en cuanto a historias de criaturas que acechaban la noche e incluso con el proceso de Cristianización en marcha, el strigoi rumano logró sobrevivir como mito.

El strigoi fue el alma de un muerto o una deidad femenina. Los métodos para acabar al strigoi consistían en clavarlo a su ataúd, quemar su cuerpo o colocando ajo adentro de la boca.

En Rumania, los vampiros eran cuerpos incorruptos, que no estaban realmente muertos. Otras veces se los confundían con almas excomulgadas, errando el mundo al no hallar paz en el más allá. Cuando merodeaba la aldea, el ganado desaparecía gradual y misteriosamente. Los vampiros rumanos sucumbían a la estaca en el corazón, un regio exorcismo, incineración o arrancándoles la cabeza o el corazón.

El vampirismo se extendió a las culturas asiáticas. En la India está el vetala o baital que reside cementerios, osarios y crematorios en búsqueda de cadáveres. Mediante técnicas de persecuciones y torturas psicológicas, causan enfermedades mentales y muerte.

El brahamaparush perfora el cráneo de la víctima y succiona a través de sus hendiduras. Hace lo mismo con los intestinos, además de usarlos en una macabra danza… Vampiro desprolijo, si los hay.

El bhuta existe como un espectro nocturno. Debajo de su espectralidad es una bola luminosa, en cambio si adopta la de un ser humano, el bhuta no tiene sombra. También es búho o murciélago. Suelen merodear los osarios y devoran los restos. Provocan graves malestares que derivan en la muerte, aunque rara vez agreden a la gente.

Kali es una referencia en la religión hindú. Se la describe con tres ojos, piel de color negra o azulada, cuatro brazos, lengua bífida, boca inundada de filosos colmillos y el rostro bañado en sangre.

El gigante Raktavija comandó un ejército de demonios contra los dioses, pero Durga, la madre del universo, llamó a la diosa Kali y hubo una durísima batalla... Cada vez que Kali hería al gigante, este producía miles de demonios por cada gota de sangre derramada.

Naturalmente, la lucha no parecía tener fin, pues de Raktavija surgían más y más demonios. Durga se transformó en Chandi -su segunda forma- y dio muerte al gigante mientras Kali tragaba su sangre, de modo que Raktavija no expulsara demonios.

Cerca del Tíbet moraban las dakin, una raza de mujeres vampiros y consideradas sobrenaturales por los hindúes, aunque no poseían rasgos divinos. Esto debido a que antiguamente fueron psicopompos, nombre dado al encargado de conducir el alma del difunto hacia el cielo o el infierno. Recuérdese a Caronte o Hermes de la mitología griega.

Las dakin tenían idénticos hábitos que los súcubos, esto es, les gustaban los hombres y a diferencia de los súcubos, no resistían la tentación de enamorase. Aquello resultaba peligroso y tiene una razón… Siendo que precisan realizar ataques directos y sin burocracia, el amor volvía a la dakin más predecible e inestable que de costumbre.  

Una dakin no paraba de saciar su sed de sangre, pero una dakin enamorada era capaz de sobrevivir a base de frutas.

Probablemente el constante desamor estimuló la caída de las dakin. Renunciaron a aspirar los vapores que nutren a los ángeles, volcándose al egoísmo, propio de vampiros y humanos que quedaron atrapados en la eterna rueda del karma. La diosa Kali tuvo la gentileza de recibirlas en su corte y desde entonces la acompañan en tareas de destrucción y pillaje. 

Seguimos en Asia.

De las zonas rurales de Filipinas es oriunda la manananggal, una vampira que acosa a los incautos en medio de la noche. Separaban el cuerpo en dos mitades para volar y cazar cómodamente. Recién ahí desaparece su invulnerabilidad. Sus enemigos, el vinagre, la sal, el ajo y dagas afiladas.

El aswang mata lamiendo la sombra de la víctima y en la lista de sus bocados preferidos figura la sangre de los niños.

La penanggalan representa a una mujer maldita o practicante de magia negra. Compuesta por una cabeza, columna e intestinos que brillan en la oscuridad. Acostumbra abordar mujeres embarazadas, ocultándose en grietas de paredes y pisos de madera.

En Malasia, un vampiro frecuenta las cunas de los niños a quienes chupa la sangre con su lengua de serpiente.

El pontianak es el espíritu de la mujer muerta durante el embarazo. Con el propósito de hallar buenas presas, el pontianak huele la ropa de los tendederos.

En China existía el vampiro jiang shi. La tradición cuenta que roba el alma del fallecido que no abandona el cuerpo. Además de un interminable pelo blanco, su piel es peluda y altera entre el color verde y blanco, tal vez por los hongos y mohos que crecen alrededor de los cadáveres. 

El kuang-shi es un vampiro chino –mejor aún- un cadáver que ha sufrido una posesión diabólica. A medida que envejece, adquiere mayores habilidades. La respiración del kuang-shi es letalmente venenosa.

El kasha es otro vampiro con forma de gato y se alimenta de cadáveres enterrados en los cementerios o cuerpos que esperan ser incinerados.

Pensaba en las dakin y voy a decir esto… A los ojos del materialismo y el consumo enajenante que a diario produce nuestra sociedad, enamorarse implica una pérdida de tiempo. ¿Por qué? Y porque la dignidad se consigue teniendo un empleo bien remunerado. De última, que el amor venga por añadidura, como hacen los que se enamoran de sus compañeros en las oficinas.  

Mire, el enamorado no anda detrás de felicidades laborales. No confundamos la responsabilidad con el amor, la única cosa sana, bella y que vale la pena sufrir. En mi opinión, el amor establece un estado de dependencia y vulnerabilidad absoluta. El resto de las cosas pasan a un segundo orden.

Ahora, si usted es de los que creen que lo primordial está sujeto a la realización laboral y económica, entonces el amor le va a molestar. Le impedirá reaccionar con la velocidad indispensable para triunfar, porque de eso se trata el progreso. De eso se trata la vida.    

 

PARTE 4

 

En la novela, Drácula llega a Londres y distribuye cajas con tierra. Drácula quiere irradiar de peste la ciudad y expandir su ambición sanguinaria.

Durante las epidemias, familias y ganado afectados, yacían sin vida en el campo y pronto los cadáveres a levantar un hedor insoportable. Desde luego, ignoraban el tema de la putrefacción o corrupción del cuerpo humano. Ante este panorama, de temor y superstición, la gente no dudaba en proteger sus casas y granjas con ajo.

Una feroz plaga azotó la isla griega de Miconos, ocasionando una baja tolerancia a los olores del ajo entre los afectados. ¿La gente que dijo?... Vampiros.

El ajo tiene una explicación. Antiguamente, los pueblos no sabían qué era ni cómo actuaba una epidemia, en cambio que el ajo curaba dolencias y protegía de la magia negra. Entre los sumerios y tantas civilizaciones, los olores de hierbas e inciensos ahuyentaban a los demonios de las enfermedades y la mala suerte.

La superstición del ajo transitó de Egipto a Grecia y luego a Roma, si bien fueron los egipcios quienes lo empleaban para defenderse de los hechizos.

Hermes aconsejó a Odiseo guardar ajo y así anular los encantamientos de la maga Circe.

Plinio explicaba que protegía de las serpientes y cuidaba de la locura, a la vez que la cultura judía siente predilección y acostumbren colgar ajos en las cunas de los bebés.  

Otro argumento más razonable fue que la medicina observó cómo las moscas transportaban la peste, hasta que colgaron dientes de ajo en los umbrales de las granjas y dejaron de padecerla. Con lo cual, no había magia, ni vampiros desesperados de sangre… Los dientes de ajo exudan gotas de humedad que las moscas detestan.

El ajo ingerido constituye un antiséptico natural, digamos, un depurativo de la sangre.

El asunto es que se acrecentó el rumor de criaturas que atacaban en la noche. Veían incisiones en el cuello y brazos de las víctimas. Algunas daban síntomas de agotamiento, desaparecían o morían. La ola de infección no terminaba y las técnicas de los curanderos apenas la prorrogaban.

Un grupo de aldeanos armados con estacas salió en dirección al cementerio, abrieron las tumbas y los cadáveres no descompuestos ni presentasen aspecto saludable fueron atravesados a la altura del corazón. 

En efecto, el vampirismo disfrazó el desconocimiento acerca de plagas y la teoría de los gérmenes.

Controlado el azote de la epidemia, el vampiro sobrevivió… A lo mejor porque el ajo sea ineficaz y sirva nada más que en el preparado de unos ricos tuquitos.

 

PARTE 5

 

El vampiro puede transformarse en un lobo, contagia a través del mordisco y entonces corrompe el alma y altera las condiciones físicas de la víctima.

Peter Stumpp era un próspero granjero, a cargo de un hijo y una hija. En su juventud perdió la mano izquierda en un accidente y tal inconveniente físico le traería problemas cuando testigos de la zona juraron haber visto a un lobo que cojeaba en una de sus patas.

Muy bien, Peter fue sometido al potro y reconoció que practicaba magia negra y que el diablo le había entregado un cinturón que transforma al poseedor en un lobo. Una vez alobizonado arrasó el ganado y no conforme, asesinó niños del pueblo.

Realizadas las confesiones fue encontrado culpable de canibalismo, asesinato, trato con el diablo y condenado al tormento de la rueda.

Las maléficas andanzas de Peter cesaron ni bien trituraron su cuerpo a hachazos. Posteriormente quemaron su cuerpo, salvo la cabeza en una pica a modo de castigo y nadie se animara a repetir sus pasos.

En épocas de grandes cambios y con el evolucionismo darwiniano a la cabeza, el vampiro tiene la audacia de plantear la regresión humana hacia la bestialidad.

El vampiro adopta la apariencia animal con el objeto de disimular y mejorar el ataque sobre la víctima. Si hiciésemos una comparación social, seguramente el presente desbordaría de vampiros. Fíjese…

¿En qué difiere el vampiro al delincuente que dispara sin remordimiento?

¿Es diferente al político cuyo mandato consiste en no obrar según lo prometido en campaña?

¿Es diferente al pedófilo que utiliza las redes sociales y engaña a los menores?

¿Es diferente al cura que bendice misas y calladamente abusa de sus devotos?

¿Es diferente al jefe de una empresa que promete ascensos a una mina, siempre y cuando acepte todas y cada una de sus insinuaciones?

La humanidad recorre tras una explicación que le dé sentido a lo que lo rodea. Existen los dioses, el mundo de las artes, la fe poética salpicando el conocimiento…. Y el amor como máxima aspiración. 

El hombre moderno es el prototipo del nuevo vampirismo. Atrás quedaron las sombras del vampiro que coqueteaba con la inmortalidad, del erotismo que daba rienda a la fantasía, la obsesión del amor que mitigará un sendero casi inconmensurable. 

Este vampiro del siglo XXI es una criatura ambiciosa, corruptible, intolerante, artificiosa.

La clave de la involución humana está en la ausencia de horizontes, porque a la doctrina del capitalismo no le interesa el futuro. En absoluto. El mundo vierte sus aguas en el escapismo, en considerar arte a lo que venga, en la violencia en la calle, en la ostentación, en la sexualidad frívola y superficial que roza el desencanto, etc.

Yo creo necesario volver a educar a la gente, no a partir de los procedimientos artificiosos de Internet. No sirve. Nuestra sociedad no está preparada. Hay que volver a los libros y al reencuentro del docente con el alumno. Hay que renovar el romance del autor con el lector. 

Por eso quiero librerías que vendan lápices, hojas y sacapuntas, no que recarguen crédito a celulares o que mañana se conviertan en cibercafés.

¿En qué se convertirá ahora el vampiro? ¿En qué nos convertiremos nosotros? ¿Seremos capaces de evolucionar como especies o seguiremos arrastrándonos para sobrevivir?

¿Se da cuenta? Vampiros sobran, faltan decisiones educativas. La pluma es más fuerte que la estaca.

 

PARTE 6


El vampiro clásico no asomó en épocas de barbarie ni en pueblos salvajes, más bien en tiempos de Diderot, Montesquieu, Rousseau o Voltaire, lo que equivale a una sociedad considerada… Civilizada.

Augustin Calmet publicó Tratado sobre los vampiros, un libro del muerto que bebía la sangre de los vivos. Sin su valiosa contribución, seguramente Stoker ni Polidori ni Le Fanu no hubiesen erigido a los monstruos que conocemos.

Muy bien, Calmet trató de no incluir evidencias médicas en sus textos, pero creyó estar cara a cara con un fenómeno sobrenatural. Según él, los vampiros eran personas muertas y enterradas, que, tras años o varios días regresaban en cuerpo y alma, hablaban, caminaban, infestaban las aldeas, maltrataban a los animales y producían la muerte del pueblo.

En 1728, la muerte de Arnold Paole desencadenó una serie de tragedias. Empiezan a ver a Paole vagando de noche por la aldea. Se dice que visita a la gente mientras duerme. Hay cuatro muertos. Los vecinos temen que Paole se haya levantado de la tumba y entonces desentierran el ataúd… Encuentran a Paole como el día que fue enterrado. Le clavan una estaca en el pecho y Paole suelta un alarido espeluznante.

¿Por qué mutilaban los cadáveres? Respuesta, para protegerse. Los antepasados creían que los vampiros eran cadáveres negados a morir y en consecuencia imposible matarlos, por lo que debía incapacitárselos de algún modo. Al exhumar un cadáver, empalaban o cortaban la cabeza o arrancaban el corazón o quemaban. Pero la estaca no mataba al vampiro, lo mantenía confinado en su ataúd.

Las regiones orientales no corrían riesgo con los vampiros, poseían un amplio arsenal de artefactos para encerrarlos en las tumbas. Ejemplo, ataban las piernas del cadáver o las cortaban. Para retener el cuerpo al suelo, colocaban una roca pesada en el pecho o clavaban una estaca. Una hoz alrededor del cuello haría que el vampiro se decapitara al erguir la cabeza.

En 1720 unos ciudadanos pidieron al comandante austriaco exhumar y quemar el cadáver de Pedro Plogojowitz, quien luego de su muerte había sido visto lanzándose al cuello de las personas. Todas habían muerto al día siguiente, dictaminando el médico por falta total de sangre.

El comandante austriaco no creyó tan fantástico relato y denegó la exhumación. Pero tuvo que reconsiderarlo al enterarse que otras nueve personas habían muerto en los últimos días y en las mismas extrañas circunstancias que las anteriores.

Precedido por el párroco, fue al cementerio e hizo abrir la tumba donde estaba enterrado Pedro Plogojowitz. Pedro Plogojowitz estaba intacto… Lucía sonrosado y con la boca llena de sangre fresca. Evidentemente se trataba de un vampiro y sin demora afilaron una estaca que clavaron entre las costillas hasta el corazón. Acto seguido, quemaron el cadáver... Por las dudas.

Cuando había indicios de vampirismo, jamás actuaban fuera de los informes judiciales. Citaban a los testigos y escuchaban. Más tarde examinaban las demandas, supóngase, si el traje del difunto cambiaba de posición sin que se los hubiese tocado.

Si todo anunciaba a un vampiro, entregaban el cadáver al verdugo y lo quemaba. Eso sí, los restos eran sepultados en cementerios católicos o paganos conforme a sus credos, es decir, la demonización o la santidad del sujeto dependían del lugar del enterramiento.

A veces los vampiros se manifestaban hasta tres y cuatro días después de ejecutados y que sus cuerpos habían sido reducidos a cenizas. Por este motivo demoraban el entierro entre seis o siete semanas. Esperaban a que el cuerpo pudriese y entonces procedían a quemarlo.

A esta ignorancia colectiva falta añadir, en ausencia de comprobaciones médicas, la tragedia de las víctimas por catalepsia. ¿Por qué explicar desde la ciencia, teniendo al vampiro a mano? ¡Cuánta gente desenterró la historia y profanó el descanso eterno y comprobar un leve movimiento o una expresión desencajada!

Hoy sabemos que detrás de las profanaciones existen intereses. Dios mío… Y después nos quejamos del Coronavirus y la sopa de murciélago.  

 

PARTE 7

 

El broucolaque es un excomulgado que regresa de la muerte a perseguir a los vivos. Los griegos estaban convencidos de que los broucolaques no se pudrían en sus tumbas, que frecuentaban día y noche y por supuesto, que era peligroso cruzárselos.

Un hombre murió excomulgado y fue enterrado sin ceremonia en tierra no santa. Los habitantes empezaron a asustarse por las apariciones de un vampiro. Al cabo de diez años abrieron la tumba y encontraron un cuerpo inflado, sano y bien dispuesto. Sus venas estaban repletas de una sangre que habría chupado. ¡Un broucolaque! Los monjes plantearon desmembrar el cuerpo, reducirlo a pedazos y hervirlo en vino. Sin embargo, los parientes del finado lograron que el cadáver fuese colocado en la iglesia y orar por su descanso.

Una mañana el cura hacía el servicio divino y escuchó un fuerte golpe en el ataúd. Lo abrió y encontró el cuerpo disuelto, como debería ser luego de tantos años.

Se anotó el momento en que se produjo el ruido y era precisamente la hora en que el cura había firmado la absolución.

En la isla griega de Quíos, al momento que un broucolaque llama a una persona y no le responde, el espectro desaparece. El que ha respondido, en cambio, muere al cabo de unos días. Para prevenir su influencia, los griegos recitan oraciones, desentierran el cadáver del espectro y lo queman. El cadáver, reducido a cenizas, no emerge más.

En pleno Iluminismo europeo y en tanto decaía la Inquisición, el protestantismo y algunos focos del paganismo resultaban imparables. Sumemos que la literatura moderna comenzaba a redefinir el concepto vampírico y entonces el producto fue un monstruo cuya idiosincrasia retrocedía ante la cruz.

Ahora bien, la aversión al crucifijo y el agua sagrada es una tradición de la Edad Media. De acuerdo a la opinión cristiana, el vampiro es una entidad demoníaca, un hijo de Lucifer que cae derrotado por la pureza representada en los atributos de Dios.

Voltaire apunta que la demonización era culpa del cristianismo porque descubría vampiros en todas partes, tendía emboscadas, les arrancaba el corazón y los quemaba. Por esto discutía con sutileza si debía absolverse o no al vampiro que había muerto excomulgado. Con elegante ironía, Voltaire aconsejaba inclinarse por el más benigno.

En general, los muertos acaban en cementerios, pero el suicidio en Inglaterra era considerado un acto contra Dios y había que enterrarlos en un lugar diferente. Aquella ordenanza pretendía que el alma del suicida quedase condenada a vagar eternamente.

Las encrucijadas fueron sitios muy seguros dado que el muerto no encontraba el camino de vuelta y la idea del alma extraviada, es clave para comprender el mito del vampiro. El suicida estaba condenado a perderse en el más allá. Al morir, el cuerpo se separa del alma y puede trasladarse, aunque el cuerpo permanece aquí.

En ocasiones enterraban a los muertos con monedas para evitar que regrese el alma al mundo terrenal.

Algunos convertían los hogares en verdaderos fortines… Cuando un familiar moría en el lecho de su casa, sacaban el cadáver a través de la ventana y la clausuraban con tablas. En caso de regresar vampirizado, entonces no tendría forma de entrar, porque colocaban ristras de ajo en la entrada principal y ramas de espino en el suelo.

Si todo esto no era suficiente, esparcían semillas por la casa ya que creían que los vampiros se obligaban a detenerse y contarlas.  

Parece enojoso agacharse y andar contando semillas, una a una. Bueno, por suerte el vampiro tiene tiempo de sobra. Trabaja para ser inmortal… Igual a cierta señora que almuerza en la televisión.

 

PARTE 8

 

¿Es una superstición que los vampiros se fortalecen con sangre joven? Estudios científicos demuestran que la sangre joven mejora la memoria y revierte síntomas del envejecimiento. Pasa que la sangre siempre ha estado unida a la juventud, lo mismo que a las enfermedades. De hecho, los médicos babilónicos recurrían a sangrías para curar a sus pacientes y por eso los consideraban unos "sangradores". Creían que si regeneraban la sangre, expulsaban el mal del cuerpo.

Pero, ¿de dónde proviene la fijación vampírica de la sangre? Siendo que la fortaleza corporal merma con el paso del tiempo, en la Edad Media, reyes, eruditos y alquimistas conjeturaban que en la sangre joven había una alta concentración de fuerza vital –en otras palabras- bebiendo un buen trago de sangre joven aseguraba una dosis revitalizante.

El vampirismo está basado en una lógica hematófaga, pues la persona debilita o muere al perder sangre y necesita fortalecerse al recibirla. La succión vampírica es una transfusión vía oral y resulta interesante observar que emplea la yugular, por ser sangre oxigenada.

Esta tarea de convertir la sangre en energía aparece en boca de Renfield, un interno del hospital psiquiátrico de Exeter, asimismo en la Biblia, el Levítico y en el Evangelio de Juan, con una sólida alianza sagrada.

Elizabeth Báthory fue una condesa muy poderosa en la aristocracia húngara. Se cuenta que los sirvientes eran fieles a sus caprichos, pero la sensación regenerativa de la sangre firmó el destino de Elizabeth.

Una joven criada arreglaba el peinado de la condesa  y sin querer le dio un tirón de pelos. Elizabeth reaccionó y le asestó un formidable golpe en la nariz, lastimándola y salpicándose su piel con sangre de la criada. Enfurecida, fue a encerrarse en su habitación hasta el día siguiente.

A la mañana sintió que la piel alcanzada por la sangre de la criada había rejuvenecido. Sin ninguna explicación, las arrugas eran asunto del pasado y su piel vuelto a vivir.

De a poco, criadas, sirvientes y demás asistentes desaparecieron del castillo. Algunas fueron encontradas en el campo sin una gota de sangre. Los pueblerinos estaban convencidos que era obra de un vampiro.

A base de engaños, Elizabeth atrajo a jóvenes y en un período de seis años, torturó, mató y se bañó con la sangre de unas 650 víctimas… Su propósito apuntaba a la juventud eterna.

Los ataques cesaron al cometer la torpeza de liquidar a una joven noble. En el juicio hubo interrogatorios y entre varias evidencias, la prueba irrefutable de un diario en el que figuraban los nombres de las jóvenes sacrificadas. Condenada por sus crímenes, la condesa fue emparedada a una habitación de su propio castillo, sin ventanas ni puertas y con un pequeño orificio para servirle la comida.

Así permaneció Elizabeth por tres largos años. Sin sangre para bañarse y sin recuperar una mísera gota de juventud.

Al beber sangre, el vampiro roba el alma de la víctima, vale decir que liquidan a un tipo y le roban la esencia.

¿Y qué pasaba en el interior de las tumbas y la teoría del resucitado?

En medio de la noche, un campesino advirtió que una nube de humo se transformó en su padre, Petar Blagojević, muerto días atrás. De inmediato sospechó que podría tratarse de un vampiro.

El asunto es que exigió alimento a su hijo y ante la negativa, al siguiente día apareció muerto.

Aquel crimen no lo detuvo. A los ocho días, nueve aldeanos murieron. Mientras dormían, Blagojević mordía sus cuellos y les quitaba la sangre.

Los vecinos exhumaron el cadáver de Blagojević y notaron que había piel y uñas nuevas, crecido el pelo y destilaba sangre de la boca.

La antropología refuta la teoría de que los cadáveres parecían gemir al ser empalarlos. A decir verdad, la cavidad abdominal acumula gases y el cadáver tiende a hincharse, dando una sensación de vida. Tampoco olvidemos que gracias a las capas arcillosas y otras de su clase, la temperatura de la tierra ronda los 0º C, retrasando la corrupción de los cadáveres.

El cuerpo humano atraviesa una transformación… La descomposición. La piel se reseca y tensa, la piel que recubre las manos encoge y las uñas simulan más largas que de costumbre. Todos los tejidos infestados por bacterias aumentan la presión en el interior del cuerpo, avivando el egreso de fluidos en la nariz y boca, de modo que concuerda exactamente con la imagen del vampiro que acaba de ingerir sangre.

El deterioro físico y mental revela el correr de los años. El día que sintamos cierto encanto por la sangre, habrá que apurarse y solicitar una vampirización. Pero quizá ya sea demasiado tarde.  

 

PARTE 9

 

El profesor Abraham Van Helsing elabora una radiografía del vampiro, creando lo que podríamos llamar “vampirología”, una ciencia cuyo objetivo es saber más acerca de los vampiros, su existencia, la prevención ante ellos y sobre todo, su destrucción.

Para terminar, comparto unas cuántas características que descubrió el famoso profesor… Por si algún día se topa con uno de ellos. 

- El vampiro vive sin que el tiempo lo conduzca a la muerte.

- Prospera alimentándose con sangre de seres vivos, o sea, no le ofrezca milanesas con papas fritas, guiso de lentejas, pizza a la piedra, cosas que yo comería. No, no. Solamente sangre.

- La sangre funciona como rejuvenecedor, adquiere mayor fuerza y sus heridas parecen rehacerse.

- El vampiro no proyecta sombra, ni se refleja en el espejo. Este detalle deja en claro que el vampiro es un alma.

- Posee una potencia de 10 hombres. 

- Le obedecen las ratas, moscas, arañas y murciélagos. También lobos, dingos y zorros.

- Se aproxima dentro de una niebla creada por él, extendida en un espacio limitado. Desde luego, se trata de ocultar su presencia en una suerte de cortina de humo.

- Aparece bajo la forma de motas de polvo, entre los rayos de la luna.

- Cuando necesita rajar de un sitio incómodo, reduce su tamaño y traspasa grietas de una pared, agujeros carcomidos por ratas, la rendija de una tumba e incluso entradas que han sido soldadas.

- Puesto que sus ataques ocurren en la noche, el vampiro tiene visión nocturna.

- El vampiro debe acatar algunos requisitos. Por ejemplo, para entrar a una casa es fundamental que lo autorice el dueño.

- Sus poderes cesan con las luces del alba y si está en un lugar que le resulta inconveniente, puede moverse al mediodía o la puesta del sol.

- Continuando el inciso anterior, los dominios son ataúdes, cementerios sin bendecir o tumbas de los suicidas. En caso de que esté amaneciendo, conviene alejar sus pies de la tierra, pues esto revierte su poder. Así que cuando se sienta amenazado por un vampiro, lo sube a caballito y le da un paseo por Parque Centenario al mediodía.

- No tolera cruzar corrientes de agua, esto es, ríos, arroyos, brazos de mar, etc., salvo con marea alta o baja.

- Los objetos que le restan poder son el ajo, una cruz de oro, agua bendita. Una rama de rosal sobre el ataúd impide que salga, pero claro… Dar con el féretro suele ser complicado.

- Para matarlo basta una bala sagrada, la estaca en el corazón, cortarle el balero. Sea lo que haya elegido, resulta esencial que el vampiro esté apolillando.  

La desconfianza en relación a los vampiros nos exime del temor a ser vampirizados. En cambio, adornar la casa con ristras de ajo y crucifijos y cuidarse de una mordida imprudente, prepara el espíritu a un potencial ataque vampírico. 

Ahora, considerando que la mordedura del vampiro, vampiriza, la víctima adquiere de inmediato la facultad de vampirizar… Será fácil deducir que vamos en camino a un mundo repleto de vampiros. Sin embargo, parece extraño que a esta altura del partido no veamos demasiados. Por ahí es una trampa para evitar que la gente esté alerta a posibles ataques. Digo, si fuese un vampiro no se lo diría a usted ni loco. Y si no, ¿qué dirán después nuestros familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo? ¿Nos harán cruces con los dedos, cada vez que nos vean? ¿Tendremos que mudarnos en las cercanías de los cementerios, además de conseguir trabajos nocturnos? ¿Habrá leyes que prohíban vampirizar a una persona o será una cuestión moral? ¿Existirá algún plan, una vacuna o pócima que revierta los efectos vampíricos o solo queda la resignación? En fin. 

Quizá el universo sea una inmensa cofradía de vampiros y fingimos nuestra condición para hacer todo más llevadero.

A mí me parece que el vampirismo no es el sinónimo que denota la monstruosidad y falta de escrúpulos de un sujeto, sino del deseo de hacer partícipe al otro en algo más complejo.  

Fíjese, a lo largo de la novela, Drácula visita y muerde a Mina en varias ocasiones. Aun pudiendo matarla sin tantas vueltas, decide alimentarla con su sangre. Lentamente, ella pasa de un estado de inconsciencia a un estado de trance en el cual, acaba conectada telepáticamente con Drácula. Tales habilidades telepáticas luego son utilizadas para seguir los movimientos de Drácula y destruirlo, pero eso pertenece a otra historia.

El plan de Drácula no remite a un arrebato de sangre, ni a lanzar una orgía de asesinatos sobre Londres, sino a que Mina quedase ligada del modo más irrenunciable. ¿Y no hacemos eso cuando nos enamoramos? 

Coleridge decía que era necesario suspender la incredulidad y el cinismo para disfrutar el arte. Y así funciona la fe poética en el amor… Toda la adversidad, el descreimiento y la soledad oscurecen el corazón, hasta que una fuerza incognoscible nos invade, nos atrapa y nos redefine. La presencia del ser amado alumbra y tiñe de esperanza, el alma del enamorado.

Sigo creyendo que además de códigos comunes y situaciones, con las cuales uno conecta con el otro, subyace el milagro de una magia más poderosa y definitiva. Estoy hablando de una conexión que sucede cada mil años entre dos personas que se aman. A pesar de la ausencia. Sobre todo en la ausencia. Porque en estos tiempos de múltiples técnicas y dispositivos, resulta bastante fácil saber lo que está haciendo o pensando el otro.

Lo difícil es conseguir que nuestras esperanzas de comunión permanezcan encendidas, iluminando también las de la otra persona. Aun en la distancia o el desacuerdo. No importa. Usted sabe que no está solo. Cuando hay signos de esperanzas, uno nunca termina de estar solo. Ni siquiera en la rutina diaria. Por eso a veces sonreímos en las veredas del silencio... Porque sentimos que nos acompañan como una sombra. Bueno, no es poca cosa.

Se lo quiero dedicar a los vampiros y a sus víctimas, que, lejos de buscar la destrucción del otro, comparten un precioso, único e inmortal estado de enamoramiento… Hasta el fin del mundo.

Nacho

27 de Marzo de 2021